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El nombre que lleva la zona, El Tajín, aunque dicen que es muy reciente, porque la ciudad fue abandonada en 1200 o 1250, o sea que ni siquiera los mexicas llegan a saber de ella y no la registran
Ahí en el mural está narrada la leyenda de El Tajín.
Esta misma narración, la encuentra el arqueólogo Juan Sánchez Bonilla en la pintura mural de Higueras, cerca de Nautla, Veracruz, en el Golfo de México
Así tenemos que los relieves del Juego de Pelota Sur no se conocían, fueron liberados hasta l953 por Don Pepe García Payán, sólo se conocían los extremos.
Por Miguel Ángel Cristiani González
TAJÍN, Veracruz.- Una de las más hermosas leyendas de la cultura totonaca que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días y que se encuentra plasmada en una de las pinturas murales en las pirámides es la de Callimaxtla, el Dios Tajín, que narra la historia de un niño huérfano que por travieso se convierte en la Deidad del Rayo y El Trueno, que para ser atado lo tienen que cubrir con el arco iris y es arrojado al fondo del mar, en donde permanece prisionero y tratando de escapar.
La leyenda que ha sido transmitida de manera oral entre los totonacas de generación en generación, fue recogida por Roberto Williams en l948 cuando estuvo en la zona del Totonacapan, trabajando junto con varios destacados investigadores como Isabel Queli, Palermo y otros más, que desafortunadamente ya han desaparecido y el único que sobrevive junto con la leyenda de El Tajín es Roberto Williams.
Según cuentan los ancianos totonacos, la leyenda de Callimaxtla se refiere a un niño huérfano que anda perdido en el monte; buscando gente, escucha el ruido de un hacha, va a ver quien está trabajando y descubre un hacha mágica, la empieza a seguir y se viene por una vereda con su tercio de leña y llega a la pirámide de Los Nichos.
Ahí estaban doce viejitos, doce truenos o doce custodios, lo recogen y adoptan como huerfanito, prenden el fuego nuevo, y le advierten que no toque nada.
Los ancianos se van al campo a trabajar y lo primero que hace el niño es abrir un baúl. Se queda maravillado de encontrar ahí trajes muy bellos, son los trajes que utilizan los dioses.
Se pone uno que le gusta, con su capa y su espada, pero al desenfundarla produce El Trueno y El Rayo, porque ese es el traje del Dios Tajín.
Al mover la espada, al blandirla por los aires, brinca de una nube a otra y empieza a arrasar pueblos, a desbordar ríos.
Entonces los ancianos se dan cuenta de su travesura, regresan y tratan de atraparlo y le arrojan baños de nubes, pero el niño juega y brinca y sigue jugando, hasta que le avientan el arco iris y sólo así logran atarlo.
Amarrado, lo arrojan al fondo del mar, ahí ruge y ahí truena, siempre preguntando cuando es el día de su cumpleaños, pero lo engañan, no le dicen cuando es, porque se puede "desatar" para jugar nuevamente.
El día de su cumpleaños es el 24 de julio, que coincide con la máxima del solsticio, que es la llegada de la temporada de lluvias.
Son observaciones astronómicas, con las que los totonacas relacionaban su historia y leyendas.
Así tenemos que los relieves del Juego de Pelota Sur en la zona arqueológica no se conocían, fueron liberados hasta l953 por Don Pepe García Payán, sólo se conocían los extremos, los levantaron y en el relieve central de la parte norte, descubren un personaje, atado, sojuzgado, rodeado de agua, pero dentro de un templo, porque es una deidad.
Ahí en el mural está narrada la leyenda de El Tajín.
Esta misma narración, la encuentra el arqueólogo Juan Sánchez Bonilla en la pintura mural de Higueras, cerca de la población de Nautla, Veracruz en la serie de pinturas que ahora están en el Museo de Antropología en Xalapa, un personaje está acostado en el fondo del mar y rodeado por tiburones.
Esa misma leyenda de El Tajín Roberto Williams la encuentra nuevamente más al sur, en Landero y Coss cerca de Xalapa y el lingüista Carlo Antonio Castro la capta en Xilotepec, entre los totonacos que quedaron en ese lugar, encuentra la palabra "Tajín" que quiere decir "Trueno Viejo".
Todo lo anterior demuestra que esta corriente cultural, cuando abandona el sitio de El Tajín, se va hacia el sur y eso queda en la plasticidad de las hachas, las palmas y los yugos, que es lo más rico y característico del totonacapan lleva mucho de plasticidad, de la ornamentación, del diseño de El Tajín.
La decoración también es muy Tajín, entonces se puede dar cuenta, como se va corriendo hacia el sur el conocimiento y la expresión de su simbología, de sus vivencias, de sus nombres, a través de sus bienes inmuebles, aunque lo único que se pierde es su arquitectura, porque no se vuelve a repetir, solamente en Nahualichan, la hermana menor, pero esta calidad de interpretarse arquitectónicamente es única en mesoamérica.